Con más de cien mil lagos, los suecos se echan al agua en sus 700.000 embarcaciones de recreo en cuanto disponen de un momento de ocio.

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Estocolmo, la capital sueca, se extiende sobre catorce islas del lago Málaren, marcando el comienzo de un archipiélago de 24.000 islas e islotes que conducen al Báltico. Es una ciudad de puentes donde conviven torres y campanarios, amplios bulevares, rincones medievales, esplendor renacentista y rascacielos de acero y cristal.

Tres visitas para conocer lo básico si su estancia no supera las veinticuatro horas. La Ciudad Vieja, en sueco, Gamlastan. Podrá recorrer sus estrechas calles, la más antigua Kopmagatan data de 1.323, de coloridas casas y pequeños comercios en apenas dos horas. El Palacio Real, con más de 600 habitaciones, es mucho mayor de lo que su planta cuadrada permite apreciar. No se pierda la Armería Real, en los sótanos, con objetos del siglo XVI, el Tesoro, una brillante colección de las joyas de la corona, el Museo de Antigüedades de Gustavo III, que refleja el interés de la monarquía dieciochesca por la escultura romana, y tres de los Aposentos Palaciegos , los únicos que se muestran al público. Si quiere ver el cambio de la guardia, llegue a las doce y diez en punto. El ayuntamiento, la torre del Stadhuset (Hantverkargatan 1), a la que se puede subir, domina el horizonte de Estocolmo desde cualquier punto. Le contarán que se construyó en 1911 con la ayuda de ocho millones de ladrillos y le enseñarán, además, varias salas.

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