Uno de los elementos más singulares de Turquía (descubre su capital y dónde podrás hospedarte en los diferentes hoteles en Estambul) es su paisaje, y es que su especial ubicación geográfica, entre dos continentes como Europa y Asia, hace que su medio natural sea un crisol de escenarios donde las huellas de Occidente y Oriente están presentes. Lugares como las cascadas de calcio y la Capadocia son un buen ejemplo.

Las cascadas de calcio

En el oeste de Turquía, a unos 100 kilómetros de la costa del Mar Egeo, se localiza un paisaje que solamente en sueños se puede imaginar por lo espectacular que es. Este paraje es uno de los lugares más atractivos para los turistas que visitan Turquía. Es el balneario llamado Pamukkale, “castillo de algodón”.

imagen: foro-minerales.com

Su origen se debe a las aguas minerales calientes que nacen del suelo y que discurren por un acantilado. El contenido en sales calcáreas que presentan estas aguas, hace que el calcio se solidifique a lo largo del relieve y origine formas de travertino de un color blanco muy puro, justificando así el nombre turco del lugar, “castillo de algodón”.

Estas cascadas petrificadas, modeladas por la naturaleza en la montaña formando terrazas en las que se ensancha el agua,  para los viajeros es el lugar ideal para el descanso.

imagen: haoyily.com

Capadocia

Es una de las regiones más visitadas de Turquía, cosa que no resulta extraña por el paisaje que configura. Esta zona, en la antigüedad fue el corazón del Imperio Hitita, en pleno centro de Asia Menor.

Está considerado uno de los mejores ejemplos que en el planeta se pueden encontrar de interacción entre un paisaje natural y la labor del hombre.

Su origen hay que encontrarlo hace millones de años, cuando las erupciones de los volcanes Erycles y Hasan hicieron acto de presencia y extendieron sobre la región una tupida y espesa capa de cenizas que con el paso del tiempo se endurecería para dar forma a una piedra blanda y porosa, la toba.

imagen: fotoaleph.com

El paso de los milenios por parte de la naturaleza se reflejó en la erosión producida por el viento y el desgaste que el agua y la arena hicieron sobre la toba, dándole unas formas originales y sobrenaturales. Los guijarros atrapados en la toba la protegieron de la erosión, lo que hizo que conos de toba con una roca colgada en lo alto se formaran y dieran nombre a un fenómeno llamado peribaca o chimeneas de hada”, que pueblan valles enteros, como los de Zelve y Pasabagi.

Una vez que la naturaleza hizo su labor, la acción del hombre aparecería, y es que la toba, por su blandura, podía ser modelada, así el hombre mediante herramientas primitivas iría modificándola y crearía de esta manera viviendas excavadas sin desmoronar las “chimeneas de hada”. En poco tiempo podían excavar una cueva en la que la toda la familia habitaba, y si crecía, practicaban nuevas técnicas de construcción para hacer más habitaciones.

imagen: turlarrehberi.com

Cuando se producían invasiones, los habitantes de Capadocia se ocultaban en auténticas ciudades subterráneas, como las de Kaymakli, y Derinkuyu, siendo espectacular esta última, y es que con sus 4 kilometros cuadrados de superficie, podía dar cobijo a 200.000 personas.

La llegada del cristianismo, hará que los fieles de esta religión excaven iglesias, destacando las que hay en Göreme y Ürgüp, cuyas paredes están cubiertas de frescos.

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En este vídeo se contemplan imágenes espectaculares de la Capadocia pero desde lo más alto posible, desde un globo:

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