Las fiestas de Navidad suelen ir acompañadas por las costumbres y tradiciones propias de cada lugar, y en la República Checa se conservan un montón de todas ellas, que se renuevan todos los años en ésta época.

Por ejemplo, la preparación de pasteles de Navidad es la más dulce de todas las tradiciones. Y es que desde hace muchos años, en cada uno de los hogares checos, se elaboran los pastelillos redondos de Linz más ricos; también hacen panecillos de vainilla y un montón de otros tipos. Algunos tienen nombres un poco raros, como “colmena de avispa” o “pata de oso”.

Por otra parte, hay muchas otras costumbres de Navidad que continúan manteniéndose en República Checa, sobre todo en las zonas rurales. Por ejemplo, es tradicional ayunar el día de la Nochebuena. A los niños, se les dice que si no comen hasta la cena, verán el cerdito de oro. Después, cuando aparece en el cielo la primera estrella de la noche, toda la familia se sienta a la mesa de Navidad para cenar.

Entre los platos típicos de esta noche, no faltan la sopa de pescado, las ensaladas de patatas y la carpa rebozada, muchas veces, pescada por las familias mismas. La tradición señala que debajo de los platos hay que colocar escamas de carpa para que garanticen que a ninguno de  los miembros de la familia le faltará dinero el año próximo.

Además, en todas las mesas checas hay siempre un plato demás por si acaso llegara un huésped fortuito a último momento. En muchos hogares se mantiene la tradición de que nadie debe levantarse de la mesa durante la cena, porque si alguien lo hace, morirá en el año entrante.

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