Los viajes oscilan entre servicios turísticos económicos hasta crucero más caros, en los que se sirven cenas de cuatro platos y que incluyen la vista de la ciudad por la noche. Encontrará billetes para cualquiera de ellos en los puntos de embarque.

También se pueden alquilar por muy poco dinero en la isla de Slovanský (cerca del Teatro Nacional), que son muy populares: es casi imposible imaginar el Moldava en verano sin ellos. Desgraciadamente, olas extraordinarias ferias de invierno que solían celebrarse en el río helado pertenecen al pasado, ya que la construcción de presas en el río ha calentado las aguas del Moldava y ya no se solidifica lo suficiente.

Desde las colinas de la orilla izquierda se obtiene una vista preciosa del tendido de los puentes. Durante 500 años el puente de Carlos fue el único nexo entre las dos orillas del río, ya que no se construyeron más puentes hasta la Revolución Industrial, en el siglo XIX. En esta época también se empezó a construir en los diques; sin embargo, la orilla de Malá Strana, en las inmediaciones del puente de Carlos, se ha mantenido sin grandes cambios, y la isla de Kampa y la desembocadura del Certovka se conservan en su estado original.

El Moldava ha sido homenajeado de diversas maneras. Una estatua que es una representación alegórica del río decora la fuente que hay fuera del muro del jardín del palacio de Clam-Gallas: conmemora a todos los que se han ahogado en esta agua.

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