Las callejuelas de las tres ciudades tienen verdaderos museos gastrónomicos por descubrir. En cualquier esquina puedes encontrarte un establecimiento especializado en los mejores vinos de la zona mientras deleitas con comidas realmente ricas, como nos pasó a nosotros en Del Borgo (realmente recomendable).

A la vez que te pierdes por las callecillas, te encontrarás con una salida al puerto con unas panorámicas del puerto marítimo de postal o con escenas de la vida diaria muy curiosas, como ver a una pareja charlando con un auténtico cura de los de antes.

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