El Malá Strana floreció realmente después de la victoria de la Liga Católica frente a los bohemios en la batalla de la Montaña Blanca, en 1620, cuando se establecieron aquí numerosas familias acaudaladas leales a la casa de Habsburgo.

En efecto, la mayoría de los palacios se quedaron vacíos después que la administración de Bohemia se trasladara a Viena, pero, hasta la fecha, se ha conseguido que no se realizaran grandes modificaciones. Incluso las casas de la ciudad, que suelen tener cimientos muchos más antiguos, han conservado sus fachadas barrocas en la mayoría de los casos, con sus características distintivos en las fachadas. Por esta razón, el Malá Strana puede describirse como una joya arquitectónica, como una obra de arte completa que representa el estilo barroco de Europa central. Los diferentes estilos creativos de las casas de la ciudad, las plazas, pequeñas y tranquilas, y las mansiones con sus hermosos jardines se unieron formando un conjunto armonioso que se tradujo en un estilo original: el Barroco de Praga.

Naturalmente, detrás de las fachadas quedan muchas cosas ocultas que merece la pena contemplar. No obstante, cuando se dejan las calles principales se puede disfrutar de la especial atmósfera del lugar gracias a que nada gira en torno al turista y a que el Malá Strana vive su propia vida cotidiana.

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