Tienes la sensación de asistir a un encuentro la perfección, o mejor dicho, donde empezó la perfección y la genialidad de un hombre que se erigió como el más grande de todos los tiempos. Quizá antes de Mozart la música fue bella, pero después de lo que hizo el fue inalcanzable. Por eso, ahora, cuando estás a unos metros de la Casa de Mozart, en Salzburgo, tienes esa extraña sensación. Es un hálito de inmensa curiosidad por saber que guarda la casa, si dentro tendrás la misma sensación de ahora, si mientras das un paseo por la estancia una música esté en tu memoria. No lo sabes, pero vas a entrar, no tienes miedo, o quizá si.

Das el primer paso dentro de la casa, hay una extraña energía, es bastante fuerte, es como una pequeña magia que te impulsa a recorrer cada rincón del hogar donde Mozart vivió sus primeros 18 años. Lo haces. Eres uno de los cientos de aficionado a la música de Mozart que llega hasta aquí, los mismos que vuelven una y otra vez por esa extraña energía que ahora tú sientes. Te sentirás halagado de ver el primer clavecín de Mozart, instrumento musical parecido al piano, que ya tocaba con maestría desde sus primero años y que asombraba al hacerlo con los ojos vendados. Algo que quizá tú has intentado pero no has logrado.

Asimismo también estará su primer violín y manuscritos suyos que escribió durante distintas edades, cada uno más impresionante que el anterior, También distintos objetos que son de gran agrado para los visitantes, tales como ropa del niño Mozart, cartas de la familia que recibían debido al enorme talento de su hijo.

Estás en la Casa número 9 de Getreidegasse, en Salzburgo, y no lo crees. Es como un pequeño sueño estar en el hogar donde nació el hombre que te arrebato de golpe ese disgusto con la música, que te empujo a escuchar la música clásica y a intentar aprender más de ella. Ahora que recorres la segunda planta, donde en miniatura están representadas las obras que estreno Mozart en vida, recuerdas cada composición y así como los lugares donde póstumamente se representaron sus operas.

Te preguntas si es justo que todo eso este en miniatura cuando la verdadera obra es dantesca. Al salir la sensación no es la misma, quizá vuelvas a entrar para guardarte un poco de la magia que se vive allí dentro.

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