Amsterdam es una de las ciudades más densamente pobladas del mundo y, al mismo tiempo, una de las más desarrolladas. De hecho, en 2008 estaba situada en el noveno lugar en cuanto a desarrollo humano, según los números del Indice de Desarrollo Humano que publica anualmente la Organización de las Naciones Unidas.

Tiene poco más de 2 millones de habitantes y algo más de 600 mil bicicletas. No hay colectivos, hay apenas tranvías, pocos autos y menos ruido. Nadie puede jactarse de haber recorrido la capital holandesa sin siquiera subirse a una bicicleta. Hay que atarlas, claro, porque roban más de 300 por día, pero basta con ajustar un candado para que este medio de transporte del siglo XIX y del XXI duerma en la calle junto a autos de alta gama.

A pie o en bicicleta hay que recorrer los increíbles parques de Amsterdam. Desde el pequeño, silencioso y acogedor patio de Begijnhof hasta la inmensidad de Vondelpark. El primero es un patio rodeado de casas que datan de principios del siglo XIV. La calma no es usual y guarda algo del recogimiento que tienen que haber experimentado las Begijntjes, una hermandad católica de mujeres que tenían un estilo de vida muy similar al de las monjas. Aunque sin dudas el turista desprevenido que hasta allí llegue cargará más alegría.

El otro parque en cuestión es el inmenso Vondelpark tan lleno de turistas como de holandeses. Hay que ir varias veces para descubrir sus rincones. Tiene lagos y árboles. Se calcula que cada año lo pisan 10 millones de personas. Pero cuando uno está ahí, nunca lo nota. Casi siempre reina la paz en Vondelpark y en toda Holanda. Se puede atravesar caminando en menos de una hora. No siempre fue tan grande, ni tuvo tantos rosales.

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