¿Las famosas playas de Senigallia, de arenas doradas yaguas cristalinas? ¿La naturaleza prometedora de los parques nacionales Montes Sibilinos y Gran Sasso Laga? ¿Las impactantes Cuevas de Frasassi? ¿Los viñedo s y huertas desparramados sobre las colinas de Ascoli Piceno? Los puntos de inicio de una travesía por esta región son tantos como las expectativas que genera.

Si empezamos con Ancona, la capital regional -cuyo puerto era antiguamente conocido como la puerta de Oriente-, la Catedral de San Ciriaco es un imperdible en lo alto de la ciudad junto con el Arco de Triunfo y el anfiteatro romano. En esta provincia se encuentran las grutas kársticas de Frasassi, dentro del parque natural Gola de la Rosa y la bella Riviera del Conero.

Sin dudas, un fuerte imán para el turismo religioso es Loreto: allí está el Santuario mariano más grande de Italia -destino de peregrinaje del mundo católico-, con su Basílica y la Santa Casa.

No puede dejar Ancona sin probar el verdicchio de Castillos de Jesi: este vino blanco es carta de presentación de la zona junto con las trufas, los embutidos y el caldo a la anconitima, una sopa de pescado que, si se sigue la receta al pie de la letra, lleva 13 tipos diferentes de pescado.

El casco histórico medieval y la famosa Piazza del Popolo de Aseali Piceno es otro imperdible. Esta plaza, punto de encuentro de los locales se distingue por la torre del edificio de los Capitani del Popolo. Para agendar: cada año, el primer domingo de agosto, se celebra la Quintana, una fiesta· de tono -vestimentas; desfiles y juegos- medieval.

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