Rodeada de montes y atravesada por el río Salzach. Cuna del genio musical Wolfgang Amadeus Mozart . Una de las más bellas ciudades del continente, Salzburgo une ese entorno natural con sus maravillas arquitectónicas de estilos tales como el gótico, el barrocos y el neoclásicos, además, de hermosos palacios señoriales y encantadoras casas con aire pueblerino. Distante a 310 kilómetros de Viena, la ciudad de poco más de 150 mil habitantes supo hacerse la fama de estar íntimamente relacionada con el arte y la música.

Así, al cruzar el puente del río Salzach, ingresamos a la parte principal del casco histórico, que nos recibe con sus pasajes cubiertos y patios interiores y nos abren paso hasta llegar a la calle principal de este lado de la ciudad, la Getreidegasse. Es en ese lugar donde las tiendas de conocidas marcas se entremezclan con otras típicas austriacas y las de los tradicionales recuerdos para el turista. Pero si hay un motivo por el que ese paseo es conocido es porque allí se alza la casa donde nació Mozart en 1756 y vivió hasta sus 17 años. Al ingresar descubrimos que las habitaciones fueron convertidas en un museo sobre la vida y la obra del compositor, y allí los violines, clavicordios y pianofortes de su pertenencia descansan sin emitir sonido pero recordando a quien los hiciera brindar sus mejores conciertos.

Ya en el centro de la ciudad nos topamos con las grandes plazas conectadas entre si por calles o arcos abiertos en los grandes edificios, es en ese lugar donde se alzan la estatua de Mozart y la Catedral. Pero es en el monte Monchberg donde la imponente figura del castillo Hohensalzburg, construido en 1077, llama la atención de todo visitante. La construcción que en un pasado fuera fue residencia de príncipes, fuerte y prisión es hoy una de las fortalezas mejor preservadas de Europa Central. Al castillo puede llegarse por un funicular o bien a pie por una callejuela de piedra. Una vez dentro se pueden visitar la Sala Dorada, un salón medieval de paredes tapizadas y artesonados de madera. Una verdadera belleza.

Claro que no es completo el viaje si no nos trasladamos a las afueras de la ciudad y conocemos el palacio de Hellbrunn, construido por el príncipe y arzobispo Markus Sittikus, (1612-1619), al que se lo recuerda como un gran bromista. Por tal motivo, el tour por su hogar nos hace caer por las propias bromas creadas por el noble para sus amigos.

Y como despedida, que mejor que una vista panorámica de esta hermosa ciudad. Para ello deberemos cruzar el Salzach, llegar al pie del monte Kapuzinerberg, subir un camino y disfrutar del mirador. Una imagen de Salzburgo para guardar en el recuerdo, la ciudad que vio nacer a un genio y que atrapa a sus visitantes.

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