La isla escocesa de Skye es un lugar realmente mágico en donde aún se aprecia el sabor de la cultura gaélica. Un lugar que resultará inolvidable para cualquier viajero que se aventure por estos parajes turísticamente remotos. Paisajes vírgenes y salvajes que harán las delicias de todos en lo que es la isla más grande y más septentrional de las Hébridas interiores en Escocia.

Skye

Dicen los propios habitantes de esta isla (en la actualidad, alrededor de los diez mil), que hasta el nombre de Skye es precioso. Cuenta la leyenda que viene del idioma nórdico antiguo y quiere decir “niebla”. Tal vez por el hecho de que al poner pie en este lugar uno parece adentrarse en una espesa niebla y huir de la civilización. Nada más llegar, el silencio de la naturaleza será nuestro principal acompañante. Un lugar, por tanto, ideal para hacer senderismo y en donde hay muchas cosas por ver.

QUÉ VER EN SKYE

La visita a esta isla puede empezar en Portree, un pueblo con encanto rodeado de riscos y acantilados, con un típico puerto en el que abundan las casas de colores preciosos (muchas de ellas son restaurantes, pubs, casas de huéspedes y hoteles). Portree es algo así como un toque de color en esta isla de niebla, el rincón donde podemos alojarnos y desde el que preparar todas nuestras actividades y rutas para conocer la isla.

Una de esas actividades sería ir a descubrir el Skye Museum of Island Life, ideal para conocer un poco más sobre la idiosincracia, la historia y las costumbres de esta isla (abre de Semana Santa hasta octubre, y el precio de la entrada es de 2,40 libras). La siguiente visita sería a la Península de Trotternish, que se extiende al norte de Portree y es famosa por sus rocas basálticas. Dentro de ella hay que destacar el Quiraing, una impresionante formación rocosa que domina la Bahía de Staffin.

Portree

También al norte de Portree se halla Fairy Glen, un lugar encantador de colinas verdes, ideal para pasar un día de campo. Más al norte, la ruta nos llevaría hasta el romántico Castillo de Dunvegan y, cerca de él, Neist Point, un enclave privilegiado para disfrutar de la maravillosa naturaleza de Skye. A nuestros pies caminarán una serie de acantilados y rocas cubiertas de un verde terciopelo, mientras más arriba nos espera una pequeña caminata hasta el faro.

En la zona de West Skye podemos encontrar las oscuras montañas de Black Cuillin, fascinantes e inquietantes al mismo tiempo, rodeando al Lago Corunisk. No muy lejos de este paisaje, se hallan las Red Hills, grandes colinas redondeadas de color rojo-rosado, ideales para los amantes de la montaña y el senderismo. Ya en la zona hay que visitar también Fairy Pools, situadas en un valle encantador a lo largo de la carretera que va a Glenbrittle.

Por último, quedaría por conocer Claigan Coral Beach, una playa de aguas cristalinas y arenas blancas, y el pueblo de Armadale, con su hermoso castillo y sus jardines. Por cierto, si llegas a esta isla en ferry, este pueblo será el primero que descubras. Una vez aquí, Skye será una isla que te deslumbrará.

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Foto 1 Vía República Viajera

Foto 2 Vía Wikimedia

 

 

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