La impresión simétrica y cerrada que da el segundo patio del Castillo de Praga, se debe a las innovaciones de María Teresa. Sin embargo, detrás de él hay un conglomerado de edificios que se han ido estableciendo poco a poco en el transcurso de los siglos.

Cada uno tiene su propia y complicada historia. En el acceso de la derecha hacia el tercer patio podrá ver restos de las fortificaciones del castillo.

En la Galería de Arte del casillo de Praga se descubrieron las ruinas de un edificio todavía más antiguo, la iglesia de Santa María, que data del siglo IX, a la que se accede por un pasaje que hay en el ala norte. Aquí podrá contemplar la colección que reunió en gran parte el emperador Rodolfo II (1583-1611), gran amante del arte; este emperador ha entado en la historia como una persona algo excéntrica por su estilo de vida esotérico; sin embargo, fue un gran mecenas de las artes y las ciencias y reunió una gran cantidad de tesoros artísticos, así como innumerables curiosidades. Su colección era en su tiempo una de las más notables en Europa. Cuando la residencia imperial se trasladó a Viena, también se fue allí una gran parte de la colección, pero otra fue el botín que cayó en manos de los suecos durante la guerra de los Treinta Años. O obstante, durante el siglo XVI se creó otra valiosa colección con lo que quedaba, pero una buena parte de ella se llevó a Viena o se vendió a Dresde. Lo que quedó, se subastó, y se pensaba que se había perdido por completo. Sin embargo, durante las obras de rehabilitación que se llevaron a cabo en los últimos años, se descubrieron algunos cuadros, que fueron restaurados e identificados como pertenecientes a la colección original: esta pequeña pero valiosa colección consta de70 cuadros de, entro otros, Hans von Aachen, Tiziano, Tintoretto, El Veronés, Rubís, Matthias Bernard Braun, Adriaen de Vries y los artistas bohemios barrocos Jan Kupecký y Petr Brandl. El edificio contiguo, el Establo Imperial, está decorado con bóvedas de estilo renacentista.

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