Las principales estatuas barrocas (ahora sustituidas parcialmente por copias), creadas a finales del siglo XVII, están inspiradas en las del Ponte Sant’Angelo de Roma.
Estas estatuas son las que dan al puente su aspecto característico al contraponerse a la arquitectura gótica de la estructura principal. Entre sus escultores se cuentan el artista Johan Brokof, sus hijos Ferdinand Maximilian y Michel Johann, y Matthias Bernard Braun.
Este último fue el responsable de la escultura más valiosa desde el punto de vista artístico: el grupo de Santa Luitgarda (1710), que muestra a Jesucristo apareciéndose a la santa ciega y dejándole que bese sus llagas.
La estatua más antigua del puente es la de San Juan Nepomuceno (1683), diseñada por M. Rauchmuller y Johann Brokof. Los relieves de la base representan escenas de la vida del Clérigo, canonizado en 1729. Un relieve recoge la leyenda de su muerte: la esposa de Venceslao IV se había confesado con Nepomuceno, por lo que el rey le presionó para que le revelara los detalles; Nepomuceno se negó a romper el secreto de confesión, y en 1393 Venceslao mandó que lo torturaran y después que lo arrojaran desde el puente.
Seguramente, con su canonización se intentaba desbancar la memoria de Juan Hus, pues dio lugar al culto a un nuevo de los pilares del puente; la espada de este caballo legendario, relacionado con el Roland del poema épico, esta emparedada, o al menos eso se dice, en el puente para que sea recuperada en la hora más aciaga del país.

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