Antes de comenzar la visita al castillo de Praga, no deje de contemplar la enorme y pintoresca Plaza de Hradcany.

Junto al castillo, Boleslao construyó la primera iglesia en la colina de sustitución del cementerio precristiano como señal de la progresiva cristianización. En el año 973, cuando se fundó el obispado de Praga, el castillo también se convirtió en la sede del obispo.

Después del cambio de milenio evolucionó poco a poco hasta convertirse en un castillo romántico, con el palacio principesco (más tarde, real), el palacio episcopal, varias iglesias, dos monasterios y fortificaciones. Cada período ha aportado su contribución al desarrollo del castillo, pero éste, tal como lo vemos hoy, se debe sobre todo a la emperatriz María Teresa.

Pero respecto de la plaza de Hradcany, desde el incendio de 1541, que destruyó todo en la zona y gran parte de la Malá Strana, se han construido unos cuantos palacios interesantes. Los más destacados por sus fachadas con el Palacio Arzobispal, al lado del castillo, con detalles rococó y que se abre al público una vez al año, el Jueves Santo (jueves anterior al Domingo de Resurrección), y el Palacio de Schwarzenberg, de estilo renacentista, situado al oro lado de la plaza y decorado con esgrafiados. Aquí está el Museo de Historia Militar, que cuenta con una colección de armas, uniformes. Medallas y planos de batallas (abierto de abril a noviembre, de martes a domingo; se paga entrada).

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