El Rey Manuel I fue el primer urbanista de la historia. A principios del siglo XVI, en un gesto sin precedentes en la Europa medieval, ordenó que junto al edificio de la Orden jerónima que se levantaba cerca de la orilla del estuario del Tajo no se levantara cosa alguna que impidiera a los monjes ver el mar. Y así se hizo y hoy, esa maravilla del gótico manuelino que es el Mosterio dos Jerónimos , goza de un emplazamiento privilegiado que permite ver la mole de piedras blancas desde perspectivas impensables para otros grandes monumentos del mundo.

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Es grande, pero transmite una inigualable sensación de ligereza. Empezaron las obras en 1502 bajo la dirección del francés Boytac lo que le dio al edificio ese aire francés que, pese a los excesos del manuelino, domina la fachada. Él fue el encargado de marcar las líneas maestras, pero poco después una retahíla de arquitectos portugueses tomaron el mando e imprimieron en el conjunto esa extravagancia de piedra que se llama manuelino. El gótico europeo se mezcló en Portugal con las aportaciones decorativas que llegaban al país luso desde África y el extremo oriente, formando un híbrido de recargada decoración de extraordinaria belleza. Los Jerónimos es uno de los mejores ejemplos de arte manuelino de Portugal. Un ejemplo claro es la puerta meridional que, aún más gótica que el resto del conjunto, ya empieza a mostrar esa recarga de elementos decorativos propia de la magnificencia del imperio portugués.

Pero es el interior el que de verdad sobrecoge. Sobrecoge la impresionante amplitud de su única nave, sobrecoge la abigarrada intersección de líneas y nervaduras de las bóvedas, sobrecoge la magnificencia del transepto, sobrecogen las columnas de más de 25 metros de altura que se abren en el techo con mil líneas que se asemejan a un bosque de palmeras como los que poblaban las playas tropicales de África o Asia, las mismas donde los comerciantes portugueses cargaban los preciosos objetos que hicieron grande al país. A los pies de la nave, a cada lado como guardando la entrada a la iglesia, se encuentran las tumbas de dos personajes centrales de la historia lusa. A mano izquierda reposan los restos de Vasco da Gama y a la derecha, está la tumba vacía de Luis de Camoes (escritor de referencia de la épica portuguesa del siglo XV), porque sus restos se perdieron con el terremoto de 1755. Merece la pena detenerse junto a los sepulcros de estos dos gigantes de la Historia y disfrutar del magnífico trabajo escultórico de sus residencias eternas.

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Termina una visita a los Jerónimos por el claustro (hay que pagar para verlo). El manuelino aquí es menos agobiante que en el resto del edificio. Quizás sea porque parte del diseño del mismo recayó sobre un arquitecto español, Diego Castillo, que imprimió un toque plateresco que suaviza el conjunto. Pero aún así el resultado es espectacular. Dos hitos coronan este último paseo por las galerías y arcadas de esta joya arquitectónica del arte mundial. Conviene gastar unos minutos admirando los azulejos del Refectorio y hacer una parada respetuosa ante la sencilla tumba de Fernando Pessoa.

Horarios: De Martes a Domingo de 10.00 a 17.00 (cerrado lunes)
Precio entrada claustro: 4,5 euros
Tel: 21 363 7095

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