El centro del Malá Strana siempre fue y continúa siendo la Malostranské Námestí, una plaza que divide en dos partes la Chárm sv. Mikuláse (iglesia de San Nicolás) (abierta todos los días de abril a septiembre; sábados y domingos, de octubre a marzo; se paga entrada para los conciertos nocturnos) y el antiguo colegio de los jesuitas.

La llamativa cúpula de la iglesia de San Nicolás y su esbelto campanario se pueden contemplar desde hace muchos puntos diferentes con una perspectiva siempre distinta. Esta pareja desigual se ha convertido en el símbolo de todo Malá Strana. La iglesia en sí ya es una obra maestra de la arquitectura barroca y uno de los ejemplos más bellos de su clase. El famoso arquitecto bávaro Christoph Dientzenhofer construyó a principios del siglo XVIII la nave y las capillas laterales en el emplazamiento de una iglesia gótica. Su hijo Kilian Ignaz añadió más tarde el coro y la cúpula. El edificio se termino a mediados del siglo XVIII con la adición del campanario, obra de Anselmo Lurago.

Entre las características especiales del interior destaca el monumental fresco del techo de la nave, de Johann Lukas Kracker. Es uno de los más grandes de Europa y describe escenas de la vida de san Nicolás. Adorna la cúpula otro fresco valioso, la celebración de la Santísima Trinidad, de Franz Xaver Kart Palko. La cúpula tiene 75 metros de alto, lo suficiente para alojar en su interior de la torre de la colina Petrín (véase pág. 146). Las esculturas del coro y interior la imagen dorada de San Nicolás son obra de Ignaz Franz Platzer el viejo.

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