Se la conoce con el nombre de Terézka a la estatua que se erige en honor de todas las personas que se han ahogado en las aguas del RÃo Moldava, y se dice que un rico ciudadano de Praga dejó toda su fortuna en ella.
A finales del siglo XVIII, en la época del nacimiento del movimiento nacionalista checo, el Moldava era una fuente inagotable de inspiración artÃstica. El castillo de Vysehrad, situado sobre una roca encima del rÃo, aparecÃa en numerosas leyendas y durante el perÃodo romántico fascinó a muchos artistas checos que iniciaban su búsqueda de unja identidad nacional.
El rÃo y sus mitos encontraron una forma de expresión en innumerables canciones y obras artÃsticas y literarias. Más adelante, toda una generación de artistas que participaron en la construcción del Teatro Nacional, sÃmbolo del renacimiento nacional, Continuaron esta tradición.
El edificio estaba a orillas del Moldava, no muy lejos de la roca de Vysehrad, y constituya otra caracterÃstica dominante del perfil de la ciudad. El teatro se inauguró em 1881 con una representación muy adecuada: Libuse, de Smetana, que cuenta la profecÃa de la princesa mitológica.
Según otra leyenda, que por lo general se omite en versiones artÃsticas, la princesa Libuse, la soberana eslava, tenÃa una relacion muy prosaica con el rÃo: se afirma que cuando se cansaba de sus amantes los arrojaba al Maldava desde la roca de Vysehrad.
Smetana retomó el mito de Vysehrad cuando compuso el poema sinfónico Má vlast (Mi patria). El segundo movimiento, que trata de Moldava, tal vez sea la representación artÃstica más famosa del rÃo.
Incluso hoy, el rÃo influye en la imaginación de la gente, aunque de una manera diferente. Los niños en especial están familiarizados con los espÃritus acuáticos del Moldava que aparecen en los cuentos de hadas: hombrecitos con abrigos verdes y pipas que viven en el agua desde tiempos inmemoriales y siempre están dispuestos a ofrecer ayudas y consejos.




