La Ciudad Vieja ha conservado su carácter original. La estructura de sus calles y plazas no ha sufrido grandes cambios desde la Edad Media. En sus orígenes, la Ciudad Vieja se extendía a 2-3 metros por debajo del nivel de las calles modernas. Pero esta zona sufrió repetidas inundaciones y por este momento, desde el siglo XIII el nivel de las calles se ha ido elevando gradualmente.
El núcleo histórico de la Ciudad Vieja se levanta sobre estos cimientos y en él podemos encontrar restos de todas las épocas. La imponente influencia barroca no pasa desapercibida, pero sólo se expresa en edificios individuales sin haber alterado la estructura básica del distrito. La única intrusión notable de la zona es el enorme edificio del colegio de los Jesuitas, en Clementinum. De vez en cuando, se ven vestigios de los siglos XIX y XX, puesto que con el desarrollo de la orilla del río la ciudad fue ocupando terreno. Sin embargo, aparte de la demolición de la mayor parte del barrio judío a finales del siglo XIX, el distrito, en su conjunto, ha conservado prácticamente todo su encanto.
Hoy en día, las calles son una sucesión de las casas con una gran variedad de  fachadas. Es un distrito vibrante, que posee una mezcla de equilibrada de viviendas, oficinas, tiendas, pequeños negocios, varias escuelas y servicios de ocio.

La Ciudad Vieja ha conservado su carácter original. La estructura de sus calles y plazas no ha sufrido grandes cambios desde la Edad Media. En sus orígenes, la Ciudad Vieja se extendía a 2-3 metros por debajo del nivel de las calles modernas. Pero esta zona sufrió repetidas inundaciones y por este momento, desde el siglo XIII el nivel de las calles se ha ido elevando gradualmente. El núcleo histórico de la Ciudad Vieja se levanta sobre estos cimientos y en él podemos encontrar restos de todas las épocas. La imponente influencia barroca no pasa desapercibida, pero sólo se expresa en edificios individuales sin haber alterado la estructura básica del distrito. La única intrusión notable de la zona es el enorme edificio del colegio de los Jesuitas, en Clementinum. De vez en cuando, se ven vestigios de los siglos XIX y XX, puesto que con el desarrollo de la orilla del río la ciudad fue ocupando terreno.

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