Ahí nomás, a dos cuadras de la puerta principal de Vondelpak, se encuentra otro parque que es increíble, con gente jugando al fútbol en un pasto que brilla y está cortado al ras.

Desde ahí se puede acceder al Museo Nacional de Amsterdam, el museo del reino. Tiene a Rembrandt y también a Brueghel el Viejo y a Jan Vermee y a toda la escuela flamenca.

El edificio, a diferencia de buena parte de la ciudad, fue construido recién en 1885, con elementos góticos y renacentistas que festejaron la historia del arte holandés -en materia pictórica-, una de las más fructíferas de Europa. Sin embargo encaja perfecto en el entramado de Amsterdam.

Nada tiene que envidiarle, en un primer vistazo desde afuera, al Palacio Real. Tiene, claro, uno de los autorretratos de Van Gogh más famosos y conmovedores.

Pero eso poco importa, parque si cruzamos el parque en dirección opuesta uno se topa con el Van Gogh Museum, un edificio moderno, distinto a todo, sobre todo a Van Gogh, y que sin embargo, igual que su vecina, encaja con Amsterdam, vieja y llena de canales.

Ahí sólo vale perderse. En las fachadas de casas de ladrillos se ve el daño de su edificación. Es viajar al pasado. Varias casas están inclinadas y distorsionan el hechizo. Y es extraño pensar que allí cayeran más de 50 bombas hace poco más de 70 añas.

La iglesia vieja de Oude Kerk es el monumento más antigua de la ciudad. Había en su lugar una primitiva basílica romana, reconstruida en los siglos XIV y XVI. Se puede visitar en su esplendor y apreciar muestras de arte.

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