El puente de Carlos (Kartus most), junto con la silueta del castillo de Praga, se ha convertido en el símbolo de la ciudad.
Ya en el siglo X se mencionaba un puente de madera que unía las dos orillas del Moldava más o menos en este mismo punto. En 1165 probablemente fue sustituido por el puente de Judit, el segundo puente de piedra más antiguo de Europa central. Después de que lo destruyera una inundación, el emperador Carlos IV mandó construir uno nuevo al arquitecto de la catedral, Meter Parler.
Este puente, que recibió el nombre del emperador, también resultó dañado por varias inundaciones, pero nunca se derrumbó (según la leyenda, se mezclaron huevos con la argamasa para que éste fuera más duradera). No es ninguna coincidencia que la primera piedra se pusiera el 9 de julio, el día de la conjunción de Saturno con el Sol: los astrólogos a quienes se solía consultar cuando había que tomar decisiones importantes consideraron que era el momento más propicio.
Éstas y otras teorías se citan a menudo en un intento de descubrir el secreto del puente. Sea cual fuere la razón, esta construcción de hace 600 años se digna de admiración, sobre todo porque incluso ha soportado el tráfico del siglo XX hasta que fue declarado zona peatonal y recibió un bien merecido descanso.

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