Cuando salga de El Loreto, si sube hasta la plaza, la imponente fachada del palacio de Cernín le causará una fuerte impresión pues constituye un contrapeso increíble frente a los livianos edificios que rodean la Santa Casa, que, vistos desde este punto, casi parecen encogerse.

En 1666, Humprecht Johann, conde de Cernín, compró la tierra y se empezó a construir el palacio bajo la dirección de Francesco Caratti. En 1673, el emperador Leopoldo I fue a Praga para ver el edificio sobre el que tanto se hablaba en Viena. Era como si el conde, que no había recibido el favor imperial que esperaba, estuviera construyendo un palacio por despecho. El emperador se molestó cuando el conde afirmó que no era más que un caserón y que iba a sustituir las puertas de madera por unas de bronce. “Para un caserón, esas puertas de madera son más que suficiente”, contestó el emperador.

La familia Cernín era una antigua familia bohemia cuyos miembros se habían distinguido muchas veces en el servicio a la Corona bohemia. La casa de Praga se iba a convertir en un “Monumento a Cernín”, por lo que el trabajo de construcción continuó durante varias generaciones hasta que el hundimiento económico de la familia puso fin al proyecto. Durante las guerras napoleónicas se utilizó como hospital militar y en 1851 el Estado compró secciones del palacio que convirtió en un cuartel. En 1929, las autoridades de la joven República de Checoslovaquia rehabilitaron el palacio y lo convirtieron en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Etiquetas: