Gjirokastra es un claro ejemplo de la conservación de las edificaciones que se llevaron a cabo en Albania durante la etapa en la que el Imperio Otomano se hacía fuerte en diferentes partes del continente europeo. Ubicada en el valle del río Drinos, esta ciudad se ha transformado en un punto de referencia a la hora de hablar del turismo cultural debido a la presencia de sus casco histórico, en el que se pueden distinguir las casas propias de la región, con techos de piedra, balcones de madera y las paredes lisas pintadas de color blanco.


Imagen Diariodelviajero

Situada 215 kilómetros al sur de Tirana, la capital de Albania, Gjirokastra es uno de los destinos más particulares de Europa debido a que cada rincón de su ciudad cuenta con un poco de historia escondida entre los adoquines de las empedradas y angostas cales que revisten la ciudad. Como un claro ejemplo de un poblado que se aloja en la tierra de los Balcanes, posee casas particulares denominadas “kules”, los cuales cuentan con un subsuelo, la planta baja para el invierno y un primer piso para el verano, obviamente, con diferentes características cada nivel.

Muchas de las construcciones poseen características de la religión islámica que predominaba en la región de Montenegro, Kosovo, Grecia y Albania. El encanto de esa ciudad antigua que perduró a lo largo del tiempo y se mantuvo en excelente estado generó que la UNESCO nombrara Patrimonio de la Humanidad a su ciudad-museo en el año 2005.

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