La verdadera historia de Praga, capital de la República Checa, empezó con la construcción de su castillo, en el siglo IX.

En la actualidad, la zona todavía constituye el corazón de la política checa, al ser la sede de la presidencia del país de Europa del este.

Seguramente, tanto si has estado en la ciudad como has visto alguna postal de la misma, sabrás que la vista más conocida de Praga es la silueta de Hradcany y del castillo de Praga. Gracias a su situación privilegiada, esta construcción domina el horizonte de la orilla izquierda del río Moldava. Resulta impresionante, sobre todo por la noche, cuando lo iluminan los focos y se ve la catedral, al fondo.

La importancia histórica de esta residencia real se refleja en su imponente aspecto. Además, su historia está ligada no sólo a la de la ciudad, sino también a la historia del primer Estado checo independiente y a su destino, que se decidió aquí hace mil años; tras haber sido gobernado desde Viena durante muchos años, ha vuelto a recuperar su estatus de centro de gobierno de la ciudad. El castillo es la sede de gobierno del presidente de la República y continúa siendo un centro del poder político.

El edificio del castillo data del mismo período que el primer príncipe documentado históricamente de la dinastía de los Premysl, el príncipe Boleslao, quien construyó lo que en principio fue una fortaleza de madera en el emplazamiento de un lugar de culto pagano. Más adelante se convirtió en la residencia de la dinastía y protegió el cruce de las importantes rutas comerciales europeas que se encontraban en el vado del Moldava.

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