Un romántico, un soñador. Un amante del arte, de la música, de la arquitectura, del amor. Así era Luis II de Baviera, el rey más amado por el pueblo bávaro. Este monarca, coronado en 1864 a la edad de 18 años, concibió en su mente un palacio de cuento medieval, digno de ser habitado por bonitas princesas y fornidos caballeros andantes. El rey Luis desde su más tierna infancia amaba jugar con ladrillos, con los cuales hacía sorprendentes construcciones. También amaba el teatro; montaba obras teatrales para las cuales también se disfrazaba. Era muy aficionado a las antiguas leyendas, en especial de la de Lohengrin, “El caballero del cisne”, quien apareció misteriosamente navegando en un cisne, y luego de lograr casarse con la princesa Elsa de Brabante, le hizo prometer a su esposa no preguntarle su nombre y su linaje, cosa que ella desobedeció en la noche de bodas. El caballero respondió la pregunta de su cónyugue, y de inmediato reapareció el cisne y desapareció el caballero para siempre.

LUIS II

A los 13 años conoció al compositor Richard Wagner, y quedó cautivado con su obra; luego el músico se convertiría con los años en su gran amigo, y Luis en su mecenas. Las interpretaciones de Wagner dieron vida al mundo onírico del interior del rey. Embebido en estas ensoñaciones románticas, Luis sintió deseos de construir hermosos castillos. El primero de ellos fue Neuschwanstein. En el año 1869 se puso el primer bloque del palacio, dando comienzo a esta obra, entremedio de los alpes, sobre un peñón encima del lago Alpsee.

El rey contrató a Christian Jank, artista escénico del teatro de la corte para el diseño del exterior. Además, puso como condiciones que trabajaran en él sólo trabajadores bávaros, y que se utilizaran sólo materiales de la misma procedencia, además de que por fuera el palacio se asemejara a los castillos de sus admirados cuentos de hadas. La arquitectura del castillo es de estilo neorromántico. Tiene 360 habitaciones, de las cuales sólo 14 fueron terminadas. Cada una simboliza una escenografía de las óperas de Wagner. El rey hizo instalar dentro del castillo las comodidades más modernas: un elevador para subir los alimentos, luz eléctrica, calefacción, y una moderna cocina.

Se destacan en el recorrido la recámara de Luis, con sus enormes frescos en las paredes, además de sus columnas, y su cama con doseles tallados en madera, para las cuales catorce escultores trabajaron cuatro años y medio.

Recámara del rey Luis II

También sobresale “El salón de los cantores”, mantiene una decoracion con murales sobre la leyenda de Parzifal, e inspirado en Tannhäuser, un poeta alemán del siglo XIII, quien, cuenta la leyenda, encontró el camino hacia el amor de la mano de la diosa Venus en el mundo subterráneo, en la montaña de Hörselberg. El salón muestra riqueza y exhuberancia, habitado por hemosas obras de artesanos, pintores, escultores y ebanistas. El dorado predomina en la imponencia de sus columnas y en sus balcones. En la actualidad, y durante el mes de septiembre, se ofrecen allí todos los años conciertos con musica de Wagner.

Salón de los cantores

Salón del trono

Tampoco podemos perdernos el impactante salón del trono (en el que curiosamente nunca hubo uno), para el cual se necesitaron dos millones de piedras para la solería de mosaico, y que fue diseñado en base a la Aya Sofía de Estambul. Desde este salón se pueden apreciar los alpes, el lago Alpsee, las arboladas colinas y los escarpados montes Thannbeim.

Luis habitó seis meses este castillo, hasta que fue declarado loco por sus ministros, quienes se basaron en que las ansias del rey por construir castillos descuidaban el gobierno y vaciaban las arcas. En 1886 lo sacaron de su amado palacio, encarcelándolo en el castillo de Berg. Dos días después fue encontrado sin vida junto a su guardián, también muerto, el Dr. Gudden, en las aguas del río Starnberg. Luis tenía 41 años.

Los descendientes del rey vendieron el palacio al gobierno bávaro, y luego pasó al gobierno de Alemania. Se puede llegar al castillo volando por Lufthansa a Munich (a 128 km. del palacio). En Munich podemos tomar el tren a Füssen, y de allí el autobús hacia Hohenschwangau, desde donde se puede caminar hasta el castillo, o llegar hasta él en un carruaje tirado por caballos. Anualmente se acercan allí un millón de visitantes, convirtiéndolo en un monumento emblemático de Alemania (Ver hoteles en Berlin).

Además de visitar Neuschwanstein, se puede luego recorrer en barco los lagos, volar en ala delta o con parapente, hacer ciclismo, o practicar deportes invernales en los alrededores. (Mejor dejar fuera los coches)

Este castillo fue, además, fuente de inspiración para Walt Disney, quien lo convirtió en el castillo de “La bella durmiente”. Posteriormente se construyó una réplica en Eurodisney.

“En un sueño lo concebí; mi voluntad le dio vida.

Fuerte y hermoso se yergue, orgullosa fortaleza sin par.”

Wotan, al construir el Valhalla, en la ópera de Wagner “El oro del Rin

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