Holanda nos llama la atención por ser una de las pocas naciones que mantienen su sistema de monarquía constitucional, o bien por las políticas sumamente liberales que aprueba, como la legalización de las drogas, prostitución o eutanasia. Su capital, por otro lado, es uno de los centros tradicionales y culturales más importantes de Europa, además de ser una ciudad muy atractiva para el turismo mundial.

Amsterdam

Si bien la Sede de Gobierno y las principales tareas gubernamentales tienen lugar en la ciudad de La Haya, en los papeles Ámsterdam es la verdadera capital de holanda. Obviamente, esto no es arbitrario ni es una casualidad. La ciudad en cuestión es un importante centro financiero mundial, y la ciudad holandesa más grande y habitada.

Ámsterdam es famosa mundialmente como el centro de la prostitución de elite mundial. Lamentablemente, eso hace olvidar que es una ciudad con una muy rica historia e influencia mundial, además de ser la capital de una de las últimas monarquías de la tierra.

A principios de su existencia, Ámsterdam fue un pequeño pueblo de pescadores que llegaron por casualidad a través del Río Amstel. Oficialmente, se considera al año 1275 como el momento de fundación de la ciudad. Rápidamente, en el siglo XIV, empezó a convertirse en un importante centro comercial, que intercambiaba mercancías con otros pueblos neerlandeses o alemanes.

Ya en el siglo XVII y luego de que los Países bajos obtuvieran su independencia después de una larga guerra con España, llegaría el considerado “siglo de Oro” de la ciudad. Se convirtió en el puerto comercial más grande de Europa y en el centro financiero del mundo. En ese período, la población de la ciudad (alrededor de unos 200.000 habitantes) se multiplicó asombrosamente y Ámsterdam pasó a alojar a casi un millón de personas, número que no ha variado sustancialmente hasta nuestros días.

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