La capital de Rumanía es una de esas ciudades que tienen la extraña cualidad de que no dejan indiferente a nadie. Todo aquel que la visita por primera vez, o bien la abandona encantado de haberla conocido, o bien la deja con alegría ya que acaba detestándola. Contra gustos no hay nada escrito, así que para poder opinar sobre ella, lo mejor es visitarla y dejarse llevar por sus enormes contrastes.

 

Bucarest I

Foto: Flickr.com

Una impresión general que captan todos los turistas es la de un aparente desorden. Pese a que la ciudad se compone de diferentes barrios, un barrio administrativo, un barrio en el que se distingue la riqueza y recuerda a París, otro que evoca el pasado comunista de la ciudad cuando la dependencia con Moscú era absoluta, en todos estos barrios y otros se respira el mismo ambiente de desorden.

Por otro lado, otra sensación que capta el viajero es la de que se trata de una urbe en ebullición, plena de actividad y con ganas de alcanzar un futuro prometedor, pese a las dificultades del pasado y del presente.

Esto se manifiesta en que los habitantes de la capital de Rumanía tienen ganas de aprender sobre el extranjero, tal vez porque quieren olvidar las carestías, tristezas y fustraciones de décadas atrás.

Otro síntoma de sus ganas de vivir se puede apreciar en las terrazas, abundantísimas y repletas de gente, sobre todo en cuanto surge un rayo de sol. Por cierto, en los bares y restaurantes de Bucarest se puede beber y comer de manera excelente, y casi a cualquier hora del día o de la noche, ya que en los últimos tiempos Bucarest se está convirtiendo en una de esas ciudades que nunca duerme. Y si por la noche, podemos ir a sus bares, pubs y discotecas, durante el día podemos recorrer sus lugares más emblemáticos, pero eso lo haremos en el siguiente post.

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