Siguiendo por la Zelezná llegará a la plaza de la Ciudad Vieja. Otro posibilidad es tomar Havírská y luego la Na Mustku para llegar hasta la plaza de Venceslao y la Ciudad Nueva.

El modernismo se extendió por Praga a comienzos del siglo XX, dejando un patrimonio artístico y arquitectónico que todavía conserva su esplendor.

Conocido como Art Nouveau en París, Sezessionstil en Viena y Jugendstil en Berlín, el modernismo, llamado por los chechos secese, floreció en Praga a principios del siglo XX. Docenas de edificios, en especial en la Ciudad Nueva, presentan las sinuosas líneas de los motivos botánicos, figuras de expresiones extasiadas, mosaicos y dorados, característicos del estilo modernista.

Los amantes de este estilo florido sólo tienen que dar un paseo por la plaza de Venceslao y la Národní para administrar algunos de los mejores monumentos arquitectónicos de estilo secese de la ciudad, como el grupo Lucerna, construido en su mayor parte por Václav Havel, abuelo del presidente.

El estilo modernista no influyó tan sólo en los edificios, sino también en los detalles decorativos que abundan en toda la ciudad, e incluso algunas de las estructuras del reformador religioso checo Jan Hus, en la plaza de la Ciudad Vieja, y la figura del historiador nacionalista Frantisek Palacky, en la plaza que lleva su nombre, ambas pertenecientes al modernismo.

Si quiere seguir viendo ejemplos de esta decoración, hay dos lugares donde poder tomar algo: el café de la Obecní dum, que es modernista de arriba abajo, o el del hotel Europa, una verdadera joya que conserva la mayor parte de sus rasgos originales.

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